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Cándido Fabré: Haciendo por Santiago estamos haciendo por Cuba

Olga Thaureaux Puertas

Fabré en Santiago

Fabré en Santiago

Para mi fue algo fortuito compartir este lunes un ameno diálogo con el popular cantante, compositor e improvisador Cándido Fabré.

En una de las tantas reuniones de trabajo del día, llegó con los directores de su más reciente creación: Te vamos a levantar, obra surgida horas después del paso del ciclón Sandy por Santiago de Cuba y que hoy está acompañada de un video clip que recoge momentos de la destrucción en Santiago de Cuba, las primeras acciones de recuperación, entre otras imágenes que llegan a lo más profundo de la sensibilidad humana, sobre todo de quienes pasamos por ese indescriptible experiencia.

Te vamos a levantar Santiago, estribillo que de inmediato atrapa a quienes ven el video, llegó en un momento que se agradece mucho, en un momento en que tal vez dudamos que nos podíamos recuperar a la velocidad que lo hemos hecho, en un momento que a decir de alguien muy querido para los santiagueros “la luz en el camino la veíamos muy lejos”.

Pero afortunadamente, no fue así, y a pesar de que queda mucho por hacer, también se ha transformado mucho y algunos de los que nos visitan no logran, en algunos lugares, advertir el paso de Sandy. Pero eso tiene una sola palabra: esfuerzo.

Fabré explicó que esta creación tiene en mente incluirla en su próxima producción discográfica, la cual prevé que se llame Para que se vaya lo malo.

Con una amplia lista de canciones, más de 2000, este creador también quedó casi comprometido a componer un texto para los periodistas cubanos, recociendo nuestra labor en la sociedad.

Expresiones muy sinceras como “haciendo por Santiago estamos haciendo por Cuba”; “Santiago por tradición es una tierra inmensa, pero este tiempo que vive hoy es histórico”, entre otras muchas, matizaron el encuentro, muy cubano.

Los retos de mi Santiago

Olga Thaureaux Puertas
Los días han pasado y no me he dado cuenta. Razones tengo muchas para exponerles el porqué llevo tantos dias sin escribir, pero los amigos, los lectores tal vez no lo entenderían y pueden pensar que me estoy justificando, así que aquí estoy.
Les cuento que al caminar por mi ciudad, Santiago de Cuba, advierto que los cambios, después del paso del ciclón Sandy, aquella madrugada de octubre, son notorios, a tal punto que un amigo venezolano me decía que le parecía muy rápida la recuperación.
Cierto es que hay cambios, ya se recuperan los servicios gastronómicos, se pintan muchas fachadas de viviendas y entidades, las banderolas rojas, blancas y azules en las avenidad nos indican otro momento de recuperación. También es cierto, y no se puede soslayar, que todavía hay muchas personas que no han adquirido sus techos, como también es real que 170 mil casas afectadas no se reparan en dos meses, pues no hay respaldo de materiales ni en el pais más desarrollado del mundo.
Eso significa, como han explicado y reitrado las autoridades del territorio, que nadie quedará desemparado, pero tendrá que hacerse con una prioridad, de los más necesitados, a los menos afectados; y así se hace.
Pero en medio de todo esto, reconforta que la vida poco a poco va pasando a la normalidad. Es imposible obviar los preparativos para las celebraciones de fin de año, tanto en los centros laborales como en las casas; la conmemoración entre hoy y mañana, en cada aula cubana, del Día del Educador; la acción de los trabajadores de Salud Pública, apoyados por el pueblo en el enfrentamiento a la situación higiénico-sanitaria y el saneamiento paulatino de nuestro entorno, entre otras.
Entonces, les prometo mantenerlos al tanto de lo más importante de este fin de año en una ciudad que se levanta y se transforma todos los días, pues no hay reto y motivación más importante que celebrar aquí, en julio de 2013, el 60 aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, con las mejores galas; para ese propósito nos esforzamos todos.
Así está Santiago de Cuba hoy, con muchos retos, pero clara de cuál es el camino y la forma para lograrlos.

Santiago se recupera con el esfuerzo de todos

Olga Thaureaux Puertas


En medio de la vorágine personal y laboral que ha provocado en mi vida el paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba, he pensado compartir con ustedes algunas ideas, pero siempre, hasta hoy domingo, ha existido una fuerza mayor que me ha demorado, pero aquí estoy.

Amanecí el 25 de octubre fuera de casa, la retaguardia estaba garantizada, trabajé junto a un grupo de compañeros, trasmitiendo para Internet, redes sociales y la programación especial de la Radio y la Televisión, hasta cerca de la 1 de la mañana, cuando las averías en las líneas nos impidieron continuar.

Es indescriptible lo que se siente, aunque pensé que estaba preparada para ello, cuando amaneció, después del paso de Sandy, y vi a mi Santiago destrozado, casi sin árboles, los techos de tejas y fibro destruidos, las edificaciones que parecían resistentes, también con daños, las personas con casas derrumbadas, paradas al frente, casi sin explicarse lo ocurrido.

Luego intentar llegar a casa, parecía imposible, las calles que conducían hacia nuestras zonas, estaban obstruidas por cables, postes, árboles, escombros…

Yanet Alina, joven periodista, se quejaba de un fuerte dolor de cabeza, parecía increíble lo que veía; Leyden, no hablaba mucho; José Angel, ya sabía que su casa y la de su familia había sido dañada, pero la destrucción general le dio fuerzas para decir: “creo que mis daños son menores si los comparo con lo que estoy viendo”.

Luego de vueltas y vueltas en el carro y de caminar un tramo, llegué a la entrada de mi reparto, el centro urbano Abel Santamaría. No salía de mi asombro: se repetía la imagen de los árboles, cables y postes, se añadía otra: muchos edificios tenían dañadas las persianas de madera y de aluminio, recién puestas, los tanques de las azoteas, sin tapas… las personas impresionadas, con disímiles comentarios.

Han pasado, a penas cuatro días del azote de Sandy. Anoche cuando salí del periódico sentí alegría y un gran estímulo: ya había iluminación en algunos circuitos; eso dice mucho de cuánto se ha trabajado, santiagueros y de otras provincias, para ir restableciendo el servicio eléctrico y la telefonía.

Cerca de las 9 de la noche detuvimos el carro en medio de la autopista. Todavía trabajaba allí una brigada de linieros de la provincia de Villa Clara, conversamos, les dimos las gracias por la solidaridad. No la aceptaron, “era un deber y obligación con los hermanos de Santiago de Cuba”.

Más que agradecidos estamos todos de la solidaridad entre cubanos, entre seres humanos, de la preocupación y ocupación del Gobierno, el Partido, las instituciones y organismos, liderados por la máxima dirección de la Revolución, para enfrentar juntos esta etapa de recuperación, que es dura, pero estoy segura que saldremos adelante.

Más adelante, en otro alto en esta hermosa profesión que hoy exige mucho más de nosotros, les cuento más de Santiago y su recuperación.