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En defensa de la vida

Olga Thaureaux Puertas

Admiro mucho a los médicos, a los trabajadores de la salud en general. Su dedicación, desde que son estudiantes, cuando se vinculan a los centros de salud y van dando los pasos hasta  llegar al final de la carrera; final relativo, pues  toda la vida es de estudio y actualización, hacen que los reverenciemos cada minuto.

Este 3 de diciembre, dedicado a la  Medicina Latinoamericana, coincidiendo con el natalicio del sabio cubano Carlos Juan Finlay, descubridor  del agente transmisor de la fiebre amarilla, muchas son las personas que recuerdo de manera muy grata.

.Siempre en mi mente está el doctor Amaro Ibonet, pediatra de mi infancia y hasta hace poco tiempo en activo, a quien admiro por su profesionalidad, dedicación, amor y humanismo, pero también porque es de la generación de médicos que con solo un riguroso examen físico bastaba para decirle a mi mamá que “la niña no tiene nada, si la quieres gorda, llévala a inflar…”

Muchos son los antiguos compañeros de estudios que se desempañan en esta profesión. Algunos los siento muy cercanos porque los ocupo cuando Jorgito ha tenido que visitar el hospital pediátrico. No hay día en que llame a Elba Caballero o a Susana Cunil y  no estén prestas hasta para una “consulta telefónica”, pero que en momentos de apuro aprecio extraordinariamente.

¡Qué decir de Betania!, especialista Maxilofacial, quien ya con edad de jubilación se mantiene en el Policlínico de Especialidades pues, aunque con obligaciones familiares y hogareñas, siente que de quedarse en casa no será útil. Es todo amor, tiene arte para comunicarse con sus pequeños pacientes para llevarlos al convencimiento sobre el uso de tal o más cual accesorio de debe redundar en el mejoramiento de la imagen facial.

Merece reconocimiento especial el gineco-obstetra Jorge Santiago, quien fue celoso velador de mi embarazo, semana tras semana, para llevarlo a feliz término, y estuvo al lado de mi familia aquel inolvidable 12 de julio del 2000, cuando nació mi razón de ser.

Es por eso que hoy, más que comunicarme con estos y otros entrañables médicos, prefiero dedicarles estas líneas como muestra de mi admiración y respeto a quienes día a día, desde los Consultorios, hospitales, centros educaciones, escuelas de Medicina, y más allá de nuestros mares, escriben páginas hermosas en defensa de la vida.

¡Brindemos!

fuegos-artificiales-sitemarca-2008Olga Thaureaux Puertas

Solo unas horas nos separan del 2010. Engalanamos centros de trabajo y estudio para despedir el año y esperar el 1 de Enero. En las casas se crean las condiciones, de acuerdo con las posibilidades, para que cada familia se reúna, como es tradición en esta fecha del año.

A las 12 de la noche, luego de las felicitaciones habituales, por lo general se hace un brindis. Las creencias y las tradiciones se apoderan de los primeros minutos. Cada quien piensa en aquello que no se pudo lograr y lo que puede ser una meta para los próximos 12 meses.

Yo le propongo que a las 12 de la noche de este 2009, hagamos un brindis por nosotros y por los que no pueden hacerlo.

Brindemos por la salud, el amor, la paz, la solidaridad, la honestidad, la sinceridad. Brindemos por la justicia en cualquier parte del mundo.

Brindemos por nuestro Fidel, porque se siga recuperando, por su sapiencia, por su existir. Brindemos porque los hombres, todos, se ocupen y preocupen por preservar nuestro medio.

Brindemos porque nuestros hijos sean mejores que nosotros. Brindemos porque 2010, con las manos y el corazón de todos, sea un año en que podamos sobreponernos a los efectos de la crisis mundial, y llevar hacia delante los planes individuales y colectivos.

Brindemos por la vida. ¡Brindemos!