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Deseos truncos

Olga Thaureaux Puertas

Impresionante, es el calificativo que encuentro para el documental que trasmitió esta tarde de sábado la Televisión Cubana en el espacio de la Mesa Redonda, de la realizadora Estele Bravo y el periodista Julio Acanda, sobre la vida de Roberto González, abogado cubano dedicado al caso de los cinco, y que falleciera ayer, víctima de un cáncer de pulmón.

Valiente ante la vida, pero también consciente de su realidad, del tiempo que se agotaba a pesar de los esfuerzos por curarlo, apareció Roberto con su esposa, sus dos hijos, sus padres y amigos, en declaraciones que laceran el corazón, porque todos sabían que la muerte estaba a la espera.

Con gran optimismo y dolor dijo que “sería feliz emparrillado (sentado en la parrilla trasera) en una bicicleta dando un paseo con René, su hermano,  por La Habana”; aunque no del todo, pero pudo cumplir ese deseo, pues el documental muestra una foto, durante el permiso de 15 días que le dieron a René para viajar a Cuba, exactamente montados en una bicicleta.  Mas René tuvo que retornar a los Estados Unidos para cumplir con su libertad supervisada.

Expresó que no le gustan que digan que es el abogado de René, pues a quien más ha defendido es a Gerardo, que  tiene dos cadenas perpetuas y el gobierno de Estados Unidos sabe que es inocente, pero necesitaba una “cabeza”, y tomaron a Gerardo.

Roberto  sentenció que  el proceso de los cinco  debe tener una solución política porque el arresto, el juicio y la sentencia tuvieron ese matiz.

El padre, Irma, la madre y los hijos, coincidieron en afirmar que cuando Roberto estaba en extremo reposo, y recibía una llamada telefónica de René, le cambiaba el ánimo, la voz, todo; pero quién mejor que una madre para dar una respuesta: “era una reacción para que René, en la distancia, no advirtiera nada anormal, era como para darle ánimo” (…) “esos hermanos siempre han estado uno dentro del otro”.

Lamentablemente la vida los separó. La injusticia ha impedido que René le diera el último adiós  a su “brother”, quien ya dejó de respirar, pero estará ahí, en el alma de los cinco y de todas las personas amantes de la justicia.

René cumplirá un sueño

Olga Thaureaux Puertas

René González, uno de los cinco, fue autorizado este 19 de marzo por la jueza Joan Lenard, para que viaje a Cuba por espacio de dos semanas a ver a su hermano Roberto, aquejado de un cáncer de pulmón. Lo estaba leyendo en la Internet ayer en la noche, leía y releía para cerciorarme que no era una broma.

René y “el brotter” Roberto podrán reciprocar en momentos tan difíciles, el amor de hermanos, abrirán una vez más sus corazones… estará junta una gran familia.

René, Olga, Irmita e Ivette por espacio de dos semanas, recuperarán el tiempo detenido hace 13 años. Para esa pareja que ha sabido multiplicar el amor minuto a minuto, día a día y año por año, no alcanzarán los segundos para amarse, corresponderse, hacer confesiones, vivir ese amor interrumpido aquel 12 de septiembre de 1998 con el arresto de René.

Imagino cuántos pensamientos se agolpan en las mentes de esas hijas. Irmita, quien ha asumido este proceso desde su infancia, adolescencia y juventud de manera muy digna; Ivette, quien desde los 4 meses fue separada de su padre, de su madre, mientras esta estuvo presa, y que hasta hace poco tiempo pudo visitar a René en la cárcel.

Ahora ese padre podrá “prodigar sin medida” todo lo atesorado en estos años, “ese manantial de alegría a quien la víspera de mi arresto se durmiera plácida y satisfecha junto a mi corazón, sobre mi pecho”. Será como un despertar de Ivette, de un sueño tan desagradable y real vivido por ella y su familia.

Qué decir de Irma, esa madre que asumió la responsabilidad de viajar a Estados Unidos y trasladar hacia Cuba a Ivette, cuando Olga fue deportada, sin la posibilidad de despedirse ni de su pequeña hija ni de René.

Sin dudas, hay muchos capítulos en sus vidas que han quedado inconclusos. Ahora, una vez que René corra los trámites necesarios para el viaje, tendrán dos semanas, dos semanas que pasarán volando, pero serán dos semanas memorables, dos semanas en este paraíso, muy real y muy cubano.

El antídoto para tanto odio

Olga Thaureaux Puertas

La noticia no me sorprendió, aunque siempre tuve cierta esperanza. “Los Estados Unidos reconocen el carácter humanitario de la solicitud hecha por René González, pero se opone a esta solicitud basándose en preocupaciones de seguridad del FBI“.

Se trata de la petición hecha hace unas semanas  por René González, para que se le autorice una estancia de dos semanas en Cuba, para visitar a su hermano Roberto, también abogado del caso de los cinco, quien se enfrenta a un cáncer de pulmón.

Algunos “Amigos” de la red social facebook manifiestan que como René hay muchos casos que no se les ha permitido viajar a Cuba. En realidad no sé los detalles de otros casos, pero este, ya cumplió sus 13 años de condena, ya se sabe bajo qué condiciones y circunstancias se desarrolló el juicio, más los años de prisión. Y ahora, tres años de libertad supervisada.

¿Los argumentos?  “Preocupaciones del FBI”. No sabemos cuáles son las preocupaciones. Pudiéramos inferir, porque  ya conocemos cómo piensan ellos,  de que René es una amenaza pública. Pues los cubanos queremos correr ese riesgo de recibir  a un hombre como a René, para nosotros está más que probada su inocencia.

¿No teme la Fiscalía de Estados Unidos por la seguridad de sus conciudadanos con la presencia en su territorio, transitando libremente, de Posada Carriles, terrorista confeso? Por favor, ¿por qué tanto enseñamiento con Cuba?

Es cierto que todavía las posibilidades no están cerradas para René, ahora tiene que seguir esperando, como lo ha hecho en todos estos años, una y otra vez, por una respuesta, esta vez de la jueza Joan Lenard, quien tomará la decisión definitiva.  Quisiera equivocarme, pero no hay que ser adivino para saber cuál será.

Por eso tomo prestada esta frase de una carta que René enviara a su esposa Olga en Noviembre del 2000: “Apóyate en esa moral y en esos principios para ser feliz y mantener la fe en alto”. Pues eso mismo le digo hoy a René González, a sus hijas y esposa, al “brother” Roberto. A  pesar de lo difícil de la situación familiar hay que mantener la fe en alto. “La felicidad y el amor son el mejor antídoto contra el odio” que viene del Norte.

Día memorable

Olga Thaureaux Puertas

Es difícil imaginarse cómo puede ser un momento cargado de emociones. Ayer en la tarde esperé con ansiedad las imágenes inéditas que publicaría el espacio televisivo Mesa Redonda sobre el instante en que René González, luego de 13 años de prisión, se reencontró con parte de su familia cerca de las 4.30 de la madrugada del pasado 7 de octubre.

No hubo mejor testigo, la oscuridad de una larga madrugada para una espera silenciosa. René se fundió en un abrazo con sus hijas. Ivette, que no ha podido disfrutar de la presencia paterna porque a los 4 meses de nacida su padre fue encarcelado, y que por mucho tiempo le impidieron visitarlo, e Irmita, la mayor, no encontraban palabras ni gestos.

Eran muchas las emociones y el deseo reprimido. Imposible olvidar, en ese instante que a Olga Salanueva, esposa de René, también se le impidió estar allí, junto a su esposo e hijas, además de no autorizarla nunca, en estos 13 años a visitarlo en la cárcel.

Lo escuchamos, ya en el auto, conversando telefónicamente con Olga, y me parecía no estar escuchando bien: Nuevamente, la última noche de estancia en la prisión de Marianna, en la Florida, René fue llevado al hueco, como para que no se olvide de esa última jornada.

En verdad es irritante e inexplicable, como otras tantas cosas de la justicia norteamericana en el caso de los cinco.

Ya está René fuera, ahora, como dijo Olga Salanueva, será muy difícil silenciar una voz que ha vivido, como Fernando, Gerardo, Antonio y Ramón, años de cruel e injusto encierro.

El 7 de octubre de 2011 ya es memorable para la familia de René y para los cubanos, se inicia una nueva etapa, lograr que la “libertad supervisada” sea en  Cuba, y que se haga justicia con Fernando, Gerardo, Antonio y Ramón.