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Verdades cubanas

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Olga Thaureaux Puertas
Es un ejemplo admirable para el mundo que Cuba, nación subdesarrollada, bloqueada por más de 50 años, sea declarada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), como el único país de América Latina y el Caribe que ha eliminado la desnutrición infantil severa.

Eso no tiene otra explicación, por mucho que nuestros enemigos quieran ignorarla y opacarla, que Revolución. Porque Revolución es “cambiar todo lo que debe ser cambiado…; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos…; es luchar por nuestros sueños de justicia”.

La preocupación del gobierno cubano por los niños, desde que están en formación en el vientre de sus madres, es una prioridad, expresada en la atención a las embarazadas en las áreas primarias de salud, hogares maternos donde son internadas las que tienen dificultades con su peso, pues de ahí depende la salud y el paso del feto y del futuro bebé.

Una vez nacidos, los que por determinadas razones tienen bajo peso, reciben, además de los habituales alimentos de la canasta básica, cuotas adicionales, de forma gratuita, para la mejor compensación del peso del menor.

No por gusto la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) también ha reconocido que Cuba es la nación con más avances en América Latina en la lucha contra la desnutrición.

Cuba garantiza una canasta básica alimenticia que permite la nutrición de su población, al menos en los niveles básicos, mediante la tarjeta de productos alimenticios, lo que permite que lo poco o lo mucho que tenemos, llegue a todos sin distinción de raza o nivel escolar.

Paralelamente, se ha pedido incrementar la producción de alimentos, para garantizar y mejorar la alimentación de la población en general, y poder enfrentar en mejores condiciones las consecuencias de los desabastecimientos por los efectos de la crisis mundial, la cual no podemos ignorar.

Pero esto no es solo para los productores estatales, sino que donde quiera que exista un terreno adecuado, ahí debe estar la mano de los cubanos.

Es estimulante saber que “ninguno de los 146 millones de niños menores de cinco años bajos de peso que viven hoy en el mundo, son cubanos”.

De acuerdo con el documento de la UNICEF, los porcentajes de los niños con bajo peso son de 28 por ciento en África Subsahariana, 17 en Medio Oriente y África del Norte, 15 en Asia oriental y el Pacífico, y siete en Latinoamérica y el Caribe. La tabla la completan Europa Central y del Este, con el cinco por ciento, y otros países en desarrollo, con 27 por ciento.

Es cierto que tenemos limitaciones y dificultades, pero al ponerlas en la balanza, la realidad opaca todo tipo de criterio, y estas realidades que son reconocidas dicen mucho de lo logrado por esta pequeña isla en la atención a su pueblo, dicen mucho de nuestras conquistas.

Mi tesoro

img1253Es de la generación del 2000. Desde los seis meses de vida matriculó en el círculo infantil. Nos fuimos adaptando poco a poco. ¡Qué difícil resultaba! Primero el llanto, y después que hablaba era ¡mami, no te vayas! Cuántas no hemos llorado a la par de ellos o hemos salido sin querer mirar hacia atrás.

Afortunadamente esa etapa pasa. Cada una tiene sus encantos. Sobre todo cuando nos percatamos de los avances escolares y de las habilidades que nos demuestran que son cada día más independientes.

Han pasado nueve años. Cada mañana cuando salimos hacia la escuela vamos repasando el contenido estudiado en la noche; a veces haciendo anécdotas de cuando era una pionera como él; a veces alimentando la fantasía para lograr que cada jornada sea acogida con el mayor esmero porque, como es lógico quiero que sea mejor que sus padres; quiero lo mejor para él.

Jorgito, como todos los niños cubanos, tiene una escuela, el seminternado Raúl Gómez García, ubicado en el mismo reparto donde vivimos. Es un edificio construido por la Revolución, con más de 20 años de uso y con los efectos visibles de los años pasados; sin embargo, cada mañana, cuando nos despedimos en la puerta con un beso y el no por reiterado y necesario “pórtate bien”, siento tranquilidad absoluta.

Allí es recibido por los propios pioneros de su colectivo. Tiene dos maestros y una auxiliar pedagógica que son los encargados de su instrucción. Una infraestructura que le permite una estancia plena. En las tardes un profesor de deportes lo entrena en la disciplina por él escogida, pelota. Como en todas las escuelas cubanas, se realizan actividades extraescolares que contribuyen a su formación general. No hay droga, no hay asaltos, no hay temores.

Cada día doy gracias a la vida por premiarme con este tesoro. Vivo orgullosa de ser cubana y de que mi hijo crezca en este ambiente sano, con imperfecciones sí, pero muchas más razones para defenderlo.