Olga Thaureaux Puertas
Como cubana agradezco al doctor José Pertierra, abogado que representa al gobierno de Venezuela en el caso de extradición de Luis Posada Carriles, las excelentes descripciones que día a día recibimos, publicadas en Cubadebate, sobre el juicio al terrorista confeso y probado que solo el gobierno de Estados Unidos se empeña en ignorar y lo juzga hoy por mentir a las autoridades de inmigración.
Veo con satisfacción, pero también con una dosis de desconfianza, el hecho de que la jueza Kathleen Cardone permitiera este 10 de febrero que el teniente coronel Roberto Hernández Caballero, mediante su testimonio, demostrara al jurado qué tipo de bombas explotaron en varios hoteles en La Habana en el año 1997, y que no fueron obra de la casualidad.
Mi desconfianza se justifica con “detalles” como el que señala Pertierra, y es que la fiscalía no quiere utilizar el testimonio de Hernández Caballero como evidencia de que Posada Carriles mandó a poner las bombas, por solo citar un ejemplo.
La televisión cubana ha trasmitido programas donde reclutados y asalariados por Posada Carriles, como Raúl Cruz León y Francisco Chávez Abarca, han confesado su participación en la colocación de las bombas que estallaron en los hoteles cubanos en 1997. Pero esas pruebas en El Paso no se han querido tener en cuenta. Solo ellos saben por qué.
Espero que las declaraciones toquen la fibra humana del jurado, porque ellos sí escucharon y vieron imágenes que demostraron que varias bombas explotaron en importantes hoteles de Cuba en 1997 y que el joven Fabio Di Celmo fue asesinado por una de ellas en el Hotel Copacabana.
Pertierra anuncia, además, que “la semana que viene escucharán la propia voz de Posada Carriles alardeando ante Ann Louise Bardach y María Elvira Salazar, dos periodistas que lo entrevistaron, que él no tiene remordimientos y que es el autor intelectual de las bombas en La Habana”.
Claro que no puede tener remordimientos un asesino por naturaleza, como tampoco puede mostrarse alterado o estresado en un juicio donde lo están juzgando, eso demuestra que está confiado en la protección que recibe, eso justifica que duerma de la manera en que lo hace durante las sesiones del juicio.
Espero con ansias los días sucesivos, todo puede suceder en ese gran escenario donde se estrena un gran espectáculo: Las mentiras de Posada. Ojalá esto de hoy sea una luz que nos indique que la justicia se está abriendo camino en El Paso.
