Olga Thaureaux Puertas
Emociones compartidas. Así califico la tarde de este viernes 18 de marzo cuando tuve frente a mí a los agentes de la seguridad cubana, Emilio, Vladimir y Raúl y escuché sus experiencias y anécdotas como infiltrados dentro de la contrarrevolución.
A Carlos Serpa, Moisés Rodríguez y Dalexis González, los conocí en el programa las Razones de Cuba, que ha trasmitido la televisión cubana, pero hoy fue indescriptible.
Narraron que a su llegada a Santiago de Cuba, visitaron el cementerio Santa Ifigenia, el mausoleo a José Martí, la tumba de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria y la de Frank País, joven integrante del movimiento revolucionario 26 de Julio. Allí, junto al Héroe Nacional cubano, y la bandera de la estrella solitaria, en silencio, dijeron los tres: Cumplimos.
Sí, cumplieron y seguirán cumpliendo con su pueblo porque de sus voces enérgicas escuché decir que ser agente de la seguridad cubana significa fidelidad, disciplina, fe en la Revolución, en los ideales y en el pueblo.
Respondieron a una joven estudiante que no los descubrieron en tantos años “porque la convicción de Patria o Muerte los acompañó las 24 horas del día y los siete días de la semana”, o “por el ejemplo de los cubanos que han derramado su sangre en defensa de la Patria”, o “por los cinco cubanos que están presos en cárceles de Estados Unidos por luchar contra el terrorismo y que son ejemplo de resistencia”.
Vladimir narró que en los 20 que estuvo infiltrado, hubo momentos muy difíciles. Recordó el 5 de agosto de 1994 cuando elementos oportunistas, alentados por la contrarrevolución, trataron de tomar las calles de La Habana. En los Estados Unidos recibieron una llamada que viajaran a Cuba que la Revolución se había caído. Cuando iban para La Habana no pudieron llegar hasta donde supuestamente ocurrían los hechos, pues allí estaba Fidel, con el pueblo, tomando las calles. Esa fue una gran alegría.
Emilio, quien estuvo 10 años sin comunicación con su madre, porque esta no compartía sus supuestas ideas contrarrevolucionarias, comentó que estaba un día en la SINA cuando vio en la CNN en español la noticia, con fotos, de la recuperación de Fidel. Fue tanta la emoción que se encerró en el baño a llorar de emoción.
Este hombre, pequeño de estatura, pero de sobrado coraje, siente orgullo de su pueblo, porque muchas le reclamaron con fuerza su posición. Por ejemplo, aquel que le exigió públicamente que lo que estaba informando era mentira, que no hiciera eso, hace unos días fue quien le entregó en un acto en la Habana Vieja la distinción de Huésped Ilustre, porque era el vicepresidente del Poder Popular. Allí se abrazaron de emoción por la coincidencia en sus principios revolucionarios.
Raúl, el más joven de todos, con tres años como infiltrado, compartió lo difícil que resulta para una madre ver que su hijo está en algo que no es lo que ella le inculcó y él no poder decir la verdad. Exhortó lo estudiantes a luchar por la unidad, pues esa es una de nuestras principales fortalezas.
Escoger entre la labor de padres o de agente de la seguridad del estado, sacrificar el amor de la familia, tener una doble personalidad, son elementos comunes en estos hombres porque en silencio debió ser su labor, “porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”.