No hacer leña del árbol caído

Olga Thaureaux Puertas

Cuba no está en una urna de cristal. Mas confieso que cuando leí la nota del Ministerio de la Salud Pública de Cuba sobre un brote de cólera, afortunadamente ya controlado en Manzanillo, provincial de Granma, sentí algo inexplicable, tal vez porque por muchos años ha sido una preocupación y ocupación del estado cubano el enfrentamiento y eliminación de muchas enfermedades que los más jóvenes ni conocen.

Es así que las nuevas generaciones saben de la poliomielitis, difteria, tétanos, tosferina y otras tantas enfermedades que marcaron de por vida a muchas familias, como algo muy lejano en el tiempo.

Entonces irrita mucho que los enemigos de Cuba, quienes están al acecho para denigrar  de todo cuanto hacemos, se apoyen en estas circunstancias para empañar lo realizado a favor de la salud de los cubanos y de todos los que han necesitado del conocimiento de los trabajadores de la salud.

Es lamentable que ocurra un brote de cualquier enfermedad, pero no imposible, pues solo la ubicación de Cuba ya favorece cualquier introducción. De ahí que sea importante extremas todas las medidas y controles. Mucho más lamentable es la pérdida de una vida humana; en este caso fueron tres, que según explica la nota tenían “antecedentes de enfermedades crónicas, a lo que se adicionó la infección gastrointestinal”.

La referida nota señala que “este brote de la ciudad de Manzanillo está controlado y su tendencia es a la reducción de casos, como resultado de las medidas higiénico-sanitarias y antiepidémicas que se están ejecutando, entre las que se encuentran el muestreo de los pozos de agua particulares y estatales, con la clausura de los contaminados, el abasto de agua clorada por las conductoras y en pipas para las zonas afectadas, la supresión de salideros de agua, limpieza de fosas e higienización, así como un programa de educación sanitaria a la población. Se cuenta con los recursos necesarios para la adecuada atención de los pacientes en todas las instituciones de salud”.

A esas aves de mal agüero que están en vigilia, con los ojos puertos sobre Cuba, les reitero que las autoridades cubanas sí no escatima recursos de ningún tipo para preservar la vida de sus conciudadanos; sin embargo, hay otros, muy muy cercanos a ellos, que no conocen de prioridades humanas.

No hagan leña del árbol caído, los cubanos concientizamos  la exhortación del Ministerio de Salud Pública de cumplir las medidas sanitarias relacionadas con la higiene personal, del agua y los alimentos.  Gracias por tanta “preocupación”.

Deseos truncos

Olga Thaureaux Puertas

Impresionante, es el calificativo que encuentro para el documental que trasmitió esta tarde de sábado la Televisión Cubana en el espacio de la Mesa Redonda, de la realizadora Estele Bravo y el periodista Julio Acanda, sobre la vida de Roberto González, abogado cubano dedicado al caso de los cinco, y que falleciera ayer, víctima de un cáncer de pulmón.

Valiente ante la vida, pero también consciente de su realidad, del tiempo que se agotaba a pesar de los esfuerzos por curarlo, apareció Roberto con su esposa, sus dos hijos, sus padres y amigos, en declaraciones que laceran el corazón, porque todos sabían que la muerte estaba a la espera.

Con gran optimismo y dolor dijo que “sería feliz emparrillado (sentado en la parrilla trasera) en una bicicleta dando un paseo con René, su hermano,  por La Habana”; aunque no del todo, pero pudo cumplir ese deseo, pues el documental muestra una foto, durante el permiso de 15 días que le dieron a René para viajar a Cuba, exactamente montados en una bicicleta.  Mas René tuvo que retornar a los Estados Unidos para cumplir con su libertad supervisada.

Expresó que no le gustan que digan que es el abogado de René, pues a quien más ha defendido es a Gerardo, que  tiene dos cadenas perpetuas y el gobierno de Estados Unidos sabe que es inocente, pero necesitaba una “cabeza”, y tomaron a Gerardo.

Roberto  sentenció que  el proceso de los cinco  debe tener una solución política porque el arresto, el juicio y la sentencia tuvieron ese matiz.

El padre, Irma, la madre y los hijos, coincidieron en afirmar que cuando Roberto estaba en extremo reposo, y recibía una llamada telefónica de René, le cambiaba el ánimo, la voz, todo; pero quién mejor que una madre para dar una respuesta: “era una reacción para que René, en la distancia, no advirtiera nada anormal, era como para darle ánimo” (…) “esos hermanos siempre han estado uno dentro del otro”.

Lamentablemente la vida los separó. La injusticia ha impedido que René le diera el último adiós  a su “brother”, quien ya dejó de respirar, pero estará ahí, en el alma de los cinco y de todas las personas amantes de la justicia.

Roberto no descansa en paz

Olga Thaureaux Puertas

Ayer, en medio de mi regocijo por mi cumpleaños, escuché la noticia del fallecimiento de Roberto González, destacado abogado que dedicó los últimos años de su vida a la liberación de su hermano René y los otros cuatro cubanos  que cumplen injustas condenas en cárceles de los Estados Unidos.

Desde ese momento he seguido cada detalle de las informaciones y pienso en René, separado de su familia en un momento como este; en Irma, esa madre que ha soportado tantos años de injusticia y dolor, y ahora enfrenta la partida de uno de sus hijos y no puede contar con el hombro de René para compartir su pena,  porque hasta que no pase el período de libertad supervisada impuesto por la “justicia” de Estados Unidos, no puede regresar a Cuba, junto a los suyos.

El mensaje de Ramón, a nombre de los cinco,  expresa que el alma de Roberto permanecerá en los cinco; el colega  Miguel Fernández Martínez, de la Agencia de Información Nacional, pedía un minuto de silencio para quien dedicó  “Todas sus energías, aún cuando la muerte le acechaba peligrosamente, a luchar por que la justicia se impusiera contra la ignominia”.

La imagen de Roberto González estará presente siempre, pero mientras dure la injustica con nuestros hermanos, no descansará en paz.

Necesidad

Olga Thaureaux Puertas

Hoy es un día distinto, celebramos el Día de los Padres. Aunque todos los días son buenos para hacerles  saber lo que sentimos por ellos, y lo que significan en nuestras vidas, hoy, por calendario, lo hacemos diferente.

Muchas son las formas de tributar el homenaje: desde reunirse con vecinos y amigos para jugar ajedrez, dominó o similar preferido, un paseo a la playa, al rio, al campismo, a tomar helado, quedarse en casa y hacer una celebración en familia, en fin, lo importante es hacer el momento, el aporte en nuestras vidas para celebrar y romper la rutina de todos los días.

Estoy feliz, sí, no lo niego, pero ha faltado algo, es la presencia física de mi padre, quien  por ley de la vida nos dejó hace muchos años. Esa persona excepcional que me permitió una infancia feliz, llena de recuerdos gratos y una juventud  colmada de comprensión y apoyo, sin faltar la rectitud.

He sentido la necesidad de que esa persona compartiera junto a mí y el resto de la familia, el nacimiento de mi hijo, su segundo nieto, alguien que estoy segura se llevarían muy bien, pues por cosas de la vida, mi hijo tiene mucho de su abuelo paterno, sin conocerlo.

Necesidad de que me acompañara, como lo ha hecho mi madre, en otros buenos y malos momentos, con un consejo a tiempo, o esa mano tendida que nunca faltó. Pero la compensación ante esa falta física, la busco y la encuentro en la bella familia que me rodea. Estés donde estés, seguirás siendo necesario e imprescindible y te evoco y venero todos los días de esta vida.

Un poema en persona

Olga Thaureaux Puertas

De todos los derechos de la mujer, el más grande es ser madre. Trato de buscar una definición, pero creo no llegar a su altura.

Las madres sabemos perdonar, hacer reír, vivimos como propios los triunfos y los fracasos de nuestro hijos, llegamos con el regaño a tiempo, y a la vez consentimos como nadie.

Interpretamos sus  pensamientos, una mirada, un gesto, una frase inconclusa, un estado de ánimo.

Somos la amiga más leal, el incentivo mayor para lograr casi lo imposible, el caudal inagotable para prodigar cariño sin igual; multiplicamos los desvelos sin importarnos la edad de nuestros frutos.

Mas prefiero quedarme con la definición más tierna, la de un niño: El corazón materno es especial, es todo amor, delicadeza; una madre es casi  imprescindible,  es como una nube que protege a toda la familia, es un poema en persona.