Olga Thaureaux Puertas
Los días han pasado y no me he dado cuenta. Razones tengo muchas para exponerles el porqué llevo tantos dias sin escribir, pero los amigos, los lectores tal vez no lo entenderían y pueden pensar que me estoy justificando, así que aquí estoy.
Les cuento que al caminar por mi ciudad, Santiago de Cuba, advierto que los cambios, después del paso del ciclón Sandy, aquella madrugada de octubre, son notorios, a tal punto que un amigo venezolano me decía que le parecía muy rápida la recuperación.
Cierto es que hay cambios, ya se recuperan los servicios gastronómicos, se pintan muchas fachadas de viviendas y entidades, las banderolas rojas, blancas y azules en las avenidad nos indican otro momento de recuperación. También es cierto, y no se puede soslayar, que todavía hay muchas personas que no han adquirido sus techos, como también es real que 170 mil casas afectadas no se reparan en dos meses, pues no hay respaldo de materiales ni en el pais más desarrollado del mundo.
Eso significa, como han explicado y reitrado las autoridades del territorio, que nadie quedará desemparado, pero tendrá que hacerse con una prioridad, de los más necesitados, a los menos afectados; y así se hace.
Pero en medio de todo esto, reconforta que la vida poco a poco va pasando a la normalidad. Es imposible obviar los preparativos para las celebraciones de fin de año, tanto en los centros laborales como en las casas; la conmemoración entre hoy y mañana, en cada aula cubana, del Día del Educador; la acción de los trabajadores de Salud Pública, apoyados por el pueblo en el enfrentamiento a la situación higiénico-sanitaria y el saneamiento paulatino de nuestro entorno, entre otras.
Entonces, les prometo mantenerlos al tanto de lo más importante de este fin de año en una ciudad que se levanta y se transforma todos los días, pues no hay reto y motivación más importante que celebrar aquí, en julio de 2013, el 60 aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, con las mejores galas; para ese propósito nos esforzamos todos.
Así está Santiago de Cuba hoy, con muchos retos, pero clara de cuál es el camino y la forma para lograrlos.
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Un mes después de Sandy
Olga Thaureaux Puertas

Ha transcurrido un mes desde que Sandy escogiera la zona de Mar Verde, en la provincia de Santiago de Cuba, para penetrar al territorio cubano.
Ya les conté que fue indescriptible esa madrugada, pero de allá a la fecha, han ocurrido otras muchas cosas, esta vez buenas, que nos animan a seguir mirando al futuro y trabajar muy duro para recuperar la imagen de la ciudad que teníamos antes del 24 de octubre de 2012.
Muchas familias santiagueras ya tienen sus techos y otros materiales en la mano, para reconstruir los hogares, otros, poco a poco los podrán ir adquiriendo, porque aunque hay una realizad que no se puede soslayar: unas 150 mil casas dañadas, la máxima dirección de la Revolución ha reiterado que nadie quedará desamparado.
Indudablemente que hay unos en mejores condiciones que otros, pero paso a paso, seguiremos adelante.
Con la recuperación de las viviendas, marchan otras cosas: la jardinería de la Avenida de los Desfiles, en la entrada de la ciudad, fue restituida este viernes por los trabajadores de Servicios Comunales; la mayoría de los museos, casas de cultura, salas de conciertos, galerías y otras sedes que fueron perjudicadas, prestan servicios.
Las diferentes enseñanzas, acogen a sus alumnos, unas en sus sedes habituales, otras en locales adoptados, pero con un claustro de maestros y profesores, dispuesto a darlo todo, para recuperar las horas lectivas que se afectaron.
Los lumínicos retornan, el alumbrado público de la Avenida de Las Américas, volvió a ser el de antes, las áreas de deportes, se comenzaron a colmar de público. Poco a poco, nos vamos recuperando.
Una visita que se agradece
La vida esta llena de detalles. Ayer en la tarde, en medio de la vorágine de un periódico diario, muy ansiado por sus realizadores y los santiagueros, pero que esta vez llegó por los efectos de Sandy a su paso por Santiago de Cuba, me fue anunciada la llegada, de manera sorpresiva, a la recepción de Sierra Maestra, del embajador de Venezuela en Cuba.
Confieso que al principio pensé que era una broma de mis compañeros, para ayudar a romper las tensiones del día, acudí de inmediato. Cuál no fue mi sorpresa, el ver allí, solo, sin nada de protocolos ni anuncios previos, a Edgardo Antonio Ramírez, quien hizo en alto en su cuarta visita a Santiago de Cuba, en ocasión de la llegada del buque de la armada venezolana con ayuda para los damnificados, para trasmitirnos una felicitación por el aniversario 55 de Sierra Maestra.
Traía en sus manos dos afiches: Uno de Fidel y Chávez la primera vez que se encontraron, en el año 1994, y el otro del Libertador Simón Bolívar, luego de la reconstrucción de su rostro, presentes muy valiosos, que pasarán a formar parte de nuestro patrimonio en la Sala de Historia.
El colectivo reciprocó el gesto con el otorgamiento de la Placa Conmemorativa 55 aniversario del periódico Sierra Maestra, la cual se otorga a instituciones y personalidades del territorio, pero que en esta ocasión era una razón más que justificada.
El diálogo transcurrió muy ameno e informal. En más de una ocasión hubo intento de despedida, pero estuvimos de pie en el departamento de Información, intercambiando anécdotas; los temas rondaron desde la historia de Venezuela y Cuba, las relaciones entre ambos países, sus experiencias como futbolista, los recorridos realizados por la provincia en visitas anteriores, la aspiración de subir cinco veces la Loma de la Cruz en la hermana provincia de Holguín, deseo que piensa materializar cuando se realice el Coloquio por los Cinco; sus preferencias deportivas en Cuba, entre otros.
Fue muy grato, en medio de todo lo que hemos vivido y de las largas jornadas de trabajo para llevarle la información diaria a los santiagueros, por la falta de electricidad, recibir a un hermano, que prometió repetir la visita con más tiempo y compartir juntos la aspiración de ir hasta el municipio de Guamá, y visitar una escuela que por su nombre, hermana a esa zona del litoral santiaguero, con los venezolanos.
Santiago se recupera con el esfuerzo de todos
Olga Thaureaux Puertas

En medio de la vorágine personal y laboral que ha provocado en mi vida el paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba, he pensado compartir con ustedes algunas ideas, pero siempre, hasta hoy domingo, ha existido una fuerza mayor que me ha demorado, pero aquí estoy.
Amanecí el 25 de octubre fuera de casa, la retaguardia estaba garantizada, trabajé junto a un grupo de compañeros, trasmitiendo para Internet, redes sociales y la programación especial de la Radio y la Televisión, hasta cerca de la 1 de la mañana, cuando las averías en las líneas nos impidieron continuar.
Es indescriptible lo que se siente, aunque pensé que estaba preparada para ello, cuando amaneció, después del paso de Sandy, y vi a mi Santiago destrozado, casi sin árboles, los techos de tejas y fibro destruidos, las edificaciones que parecían resistentes, también con daños, las personas con casas derrumbadas, paradas al frente, casi sin explicarse lo ocurrido.
Luego intentar llegar a casa, parecía imposible, las calles que conducían hacia nuestras zonas, estaban obstruidas por cables, postes, árboles, escombros…
Yanet Alina, joven periodista, se quejaba de un fuerte dolor de cabeza, parecía increíble lo que veía; Leyden, no hablaba mucho; José Angel, ya sabía que su casa y la de su familia había sido dañada, pero la destrucción general le dio fuerzas para decir: “creo que mis daños son menores si los comparo con lo que estoy viendo”.
Luego de vueltas y vueltas en el carro y de caminar un tramo, llegué a la entrada de mi reparto, el centro urbano Abel Santamaría. No salía de mi asombro: se repetía la imagen de los árboles, cables y postes, se añadía otra: muchos edificios tenían dañadas las persianas de madera y de aluminio, recién puestas, los tanques de las azoteas, sin tapas… las personas impresionadas, con disímiles comentarios.
Han pasado, a penas cuatro días del azote de Sandy. Anoche cuando salí del periódico sentí alegría y un gran estímulo: ya había iluminación en algunos circuitos; eso dice mucho de cuánto se ha trabajado, santiagueros y de otras provincias, para ir restableciendo el servicio eléctrico y la telefonía.
Cerca de las 9 de la noche detuvimos el carro en medio de la autopista. Todavía trabajaba allí una brigada de linieros de la provincia de Villa Clara, conversamos, les dimos las gracias por la solidaridad. No la aceptaron, “era un deber y obligación con los hermanos de Santiago de Cuba”.
Más que agradecidos estamos todos de la solidaridad entre cubanos, entre seres humanos, de la preocupación y ocupación del Gobierno, el Partido, las instituciones y organismos, liderados por la máxima dirección de la Revolución, para enfrentar juntos esta etapa de recuperación, que es dura, pero estoy segura que saldremos adelante.
Más adelante, en otro alto en esta hermosa profesión que hoy exige mucho más de nosotros, les cuento más de Santiago y su recuperación.
¿Qué dicen ahora las aves de mal agüero?
Olga Thaureaux Puertas

Fidel Castro goza de buena salud física y mental. Esa es una noticia que sus admiradores recibimos siempre con beneplácito, a pesar de saber que como todo ser humano, algún día debe morir.
Pero eso será cuando la naturaleza lo disponga, no cuando los enemigos y difamadores, cada vez que lo desean se llenen la boca de mentiras, solo por no tener noticias del líder histórico de la Revolución cubana o por distraer la atención de los cubanos y no cubanos, de un proceso importante que ocurriría el 21 de octubre en Cuba: las elecciones de los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular.
La muerte es un proceso natural de la vida, y cuando se ha cumplido con altruismo con la familia y la sociedad, entonces se recibe con resignación, pues a ella nunca nos acostumbramos.
Hubo medios en el mundo que incrédulamente pusieron en duda si Fidel Castro era quien había enviado el mensaje a los graduados del primer curso del Instituto de Ciencias Médicas “Victoria de Girón”, ¡Qué falta de respecto!
Después de leer el mensaje de Fidel publicado hoy por la prensa cubana, donde explica su buen estado de salud actual, y que dejó de publicar las Reflexiones “porque ciertamente no es mi papel ocupar las páginas de nuestra prensa, consagrada a otras tareas que requiere el país”, me preguntó que dirá ahora el médico venezolano, José Rafael Marquina, quien informó que Fidel había sufrido una apoplejía masiva, y se encontraba en estado vegetativo y sólo le quedaban varias semanas de vida.
Por suerte Fidel también dice que no sabe desde cuándo no le da un dolor de cabeza. Apoyo las palabras finales de su mensaje: “¡Aves de mal agüero!”.
Otra vez la mentira quedó al descubierto y ojalá tantos malos deseos se multipliquen en muchos años de VIDA y salud para Fidel Castro.


