Pensar como país es más que una consigna

Ms.C. Olga Thaureaux Puertas

Bandera cubana

Bandera cubana

Las manifestaciones del individualismo siempre han sido malas. Si nos remitimos a su definición conceptual, podemos entender mucho mejor por qué las califico así. Según la Real Academia de la Lengua, se refiere a la “tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales” y como una segunda acepción es la “tendencia filosófica que defiende la autonomía y supremacía de los derechos del individuo frente a los de la sociedad y el Estado”.

Hace unos días entre colegas intercambiábamos criterios sobre ciertas expresiones de indisciplina que vemos en las calles y hasta en instituciones de servicio a la población que distan de las pretensiones, o más bien el compromiso que tenemos de hacer de Santiago de Cuba una ciudad bella, higiénica, ordenada y disciplinada.

En varias intervenciones el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha pedido a los cubanos pensar como país y nos ha dicho que eso significa que “todos nos entreguemos en cuerpo y alma al servicio de la nación, sacando el mayor provecho de la fuerza más formidable y poderosa de la Revolución: la Unidad”.

Resulta que los cubanos hemos dado muestras, a través de los años, de lo que se puede lograr cuando hay unidad y de lo que somos capaces de hacer en momentos difíciles. Pero también en reiteradas ocasiones las frases exhortando a una acción movilizativa se convierten en meras consignas que se repiten sin interiorizarlas.

Por ejemplo: Cuántas veces se ha dicho que es imprescindible que cada quien hago lo que le toca y lo haga bien. Los ejemplos de la cotidianidad y ciertas indisciplinas, nos están indicando que a ese llamado no todos están respondiendo adecuadamente.

Cuando en una institución se tiran hacia la puerta o el piso las cajas de los productos que se comercializan, cuando las cestas para cargar las compras se quedan “olvidadas” en las aceras, cuando los choferes de los carros estatales no paran en los puntos de trasportación de pasajeros o no declaran el rumbo claramente, cuando hay maltrato, falta de atención, cuando se empieza a ver lo malo como normal, las cosas no están funcionando bien.

Entonces, la respuesta al llamado de “Pensar como país” debe ser de verdad, por conciencia, por convicción. Sobre todo debemos evitar que caiga en el marasmo o en la simple repetición.

Como se ha dicho hay que hacerlo parte del actuar diario, conjugar los intereses personales con los colectivos, que la indiferencia o la apatía no ganen terreno, que la solidaridad y el respeto prevalezcan  en las relaciones interpersonales, que aprendamos a escuchar, a admitir que la palabra disculpe, existe; que la violencia y el irrespeto entre los semejantes solo genera más violencia.

Podríamos citar muchos, muchos ejemplos, pero lo más importante es que se reaccione y pensemos que Santiago de Cuba es la casa grande, por tanto es responsabilidad de TODOS defenderla, cuidarla, desarrollarla, embellecerla, como mismo hacemos con la casa familiar, la más pequeña.

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