Visita inesperada

Olga Thaureaux Puertas

Hay cosas sencillas que por su impacto se hacen grandes. Hace unos días, mi vecina Francisca fue sometida a una operación quirúrgica muy compleja. Después del obligatorio ingreso, le dieron el alta médica y  fue trasladada a su casa.

A la mañana siguiente, llegó un carro de policías y un camión cerrado con otros uniformados. Eran de un Centro Penitenciario de Santiago de Cuba. En él venía Julio, el hijo de ella, que fue beneficiado hace unos meses y salió en libertad condicional, pero lamentablemente no la supo aprovechar,  y su conducta y proceder social, hicieron que fuera sancionado por las leyes y recluido nuevamente.

La visita  demoró una media hora,  pero según Francisca fue el mejor regalo que recibió después de su intervención quirúrgica. Ese encuentro quedó en la mente de los dos como algo extraordinario. Ella nunca pensó que se lo trajeran a la casa, “después de que se ha portado tan mal”. Por eso dice agradece eternamente ese noble gesto.

Julio pudo disfrutar esos minutos junto a sus hermanas y su  mamá, ella, como siempre, le pidió que se portara bien, y que no la hiciera sufrir más por sus “malos pasos”.

Ante su partida dice que sintió un gran vacío, pero está satisfecha y reconoce cuan  grande es nuestra sociedad, humana y  solidaria con todos.

No  importa que Julio sea un joven que ha confundido su rumbo a pesar de la insistencia de su madre, es un ser humano que también necesita dar y recibir amor.

 

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Un pensamiento en “Visita inesperada

  1. avatarEtienne Rogilio Lieveld

    Verdad, cuan sencillo aquello acontecimiento. Pero, vale la pena comentarlo por la gran calidad humana que lleva intrinsicamente. El periodista al servicio de la sociedad. Seguro que Francisca te lo agradece.
    Y… yo te he leido con mucho placer.

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