Olga Thaureaux Puertas
A Virginia la recuerdo de los años de estudio en la enseñanza Primaria, cuando a pesar de su limitación física quería hacer lo que los demás.
Su mamá como madre trabajadora, salía muy temprano de casa, antes que Virginia. Como mi paso por su casa era obligado para llegar a la escuela Arquímedes Colina, me hice el compromiso de llagar en las mañanas a recogerla. Recuerdo que siempre trataba de ayudarla a vestirse o a atarse los zapatos, pero ella me decía, “Gracias, yo puedo sola”.
Así fue mostrándose, muy independiente. Primero dejó de ponerse la prótesis que usaba en uno de sus brazos, después la mesa más alta que su mamá le mandó a hacer, por requerimientos médicos, y se sentó en una silla normal de las que usábamos (con las paletas incluidas).
Se inició también en el baile, y los festivales de pioneros fueron su mejor escenario, allí se creció. Cuando terminamos la Primaria, nos separamos, yo me bequé y su mamá prefirió que continuara los estudios en la misma ciudad.
Con el paso de los años la dejé de ver, y un día, siendo ya una profesional, nos encontramos en igualdad de condición; ella economista. Su limitación física no fue impedimento para que fuera escalando y hoy se desempeña también como directiva; por supuesto que también hizo su familia.
Virginia y su mamá, fueron beneficiadas por la Revolución con un apartamento confortable en el centro urbano José Martí. Ella no supo de discriminación por su limitación, sino de atenciones y recursos para crecer feliz en esta Cuba nuestra.





Olguita:
Este blog nos pinta -en sintesis, con colores vivos- Cuba, tal como es: una sociedad super-humana!
Saludame a Virginia. Aca en Suriname encuentra un admirador de la persistencia y el valor propio que ella, a lo largo, ha demostrado poseer.
Y Olga… la admiracion mia hacia tu profesionalidad no tiene par.
Gracias, muchas gracias, aquí estamos, destacando los valores de esta Cuba nuestra.