El Diablo Rojo regresará a Santiago de Cuba

Olga Thaureaux  Puertas

Para muchos santiagueros, escuchar decir Emilio Benavides, más conocido como El Diablo Rojo, es echar atrás el almanaque unas tres décadas.

Lo recuerdo en  Trocha y Gasómetro, a solo unos metros de la escuela primaria No.19, vestido de verde olivo unas veces, de miliciano, otras, regulando el tránsito para que los niños pudieran cruzar la peligrosa vía. Así estuvo los  últimos años de su vida, en la mañana, mediodía y la tarde.

Respetado por choferes, niños y adultos, el Diablo Rojo hizo historia en Santiago, por eso este fin de año, volverá a este lugar para quedarse por siempre.

Ya trabajan en este proyecto muchos santiagueros, será una estatua a tamaño normal, con sus patines, botas y el pecho cubierto de medallas. Con la banderita en la mano que utilizaba para regular el tránsito, y la otro en noble gesto de respeto o cortesía.

Emilio Benavides Puente nació el 6 de octubre de 1901, en Santiago de Cuba y murió a los 94 años. De una familia muy humilde y numerosa. Se cuenta que desde los ocho años tuvo afición por los patines, pero lo que más nunca imaginó que esos medios lo llevarían  a la fama.

Curiosamente, fue el baile lo que lo introdujo en la propaganda de los patines, además el  sobrenombre que lo inmortalizó.

Según el profesor Angel Luis Beltrán, en una reseña sobre Emilio, este  para imitar a Black Bill, un conocido boxeador cubano de la época, aprendió a bailar el Charleston, popular baile en Estados Unidos. Corría el año 1927.

Entonces Emilio se hizo asiduo visitante de la compañía teatral bufa de Roberto Gutiérrez (Bolito); y cuando bajaban el telón, en señal de receso, Emilio, en las graderías, electrizaba bailando el Charleston.

Tanto fueron favorecidos sus movimientos bailables, que el dueño se decidió a contratarlo como bailarín excéntrico, acrobático. Se emprendió una gira -más tarde- y en Holguín, después de una función, en 1929, Emilio Benavides fue bautizado como El Diablo Rojo. Lo de Diablo era por sus saltos y maestría bailable; lo de Rojo, por el color de la ropa que vestía.

El Diablo, sobre patines, hizo cinco viajes entre La Habana  y  Santiago de Cuba: tres para allá y dos para acá. En su expediente se inscriben saltos, en patines, a 3 700 automóviles, aunque, también brincó conjunciones de 12 bicicletas atravesadas una al lado de la otra; y muchachos sobre el pavimento.

Sin embargo, el primer salto de carro fue fortuito. El no recordaba bien en qué año de la década de 1930, fue el acontecimiento, pero lo cierto es que los domingos salían varios patinadores; y ese día, al bajar la elevación de San Félix (hoy Hartman), a partir de Santa Lucía, se le interpuso un carro (entonces eran muy pocos en la ciudad). Dos peligros lo amenazaban: estrellarse contra el auto o matarse contra una casa, si se desviaba. El muchacho no lo pensó dos veces. Se agachó y voló.

Los vítores y aplausos fueron ensordecedores. Todos creían que el salto formaba parte del espectáculo y pedían a gritos que lo repitiera. Atolondrado, el chico desapareció de esos contornos; y posteriormente comenzó a practicar el salto de carros.

Con el paso de los años sufrió un accidente de tránsito, pero volvió a patinar para deleitar a los chicos. El avance de la Medicina cubana hizo posible la recuperación de una de sus piernas.

Se cuenta que estuvo, por más de 20 años, regulando el tránsito en Trocha y su mayor regocijo, hasta su muerte en febrero de 1995,  fue amar la obra de la Revolución, sus seis hijos, 13 nietos y 2 biznietos.

Nuevamente lo tendremos allí, y si hasta hoy los que lo conocimos lo recordamos con respeto, las presentes y futuras generaciones perpetuarán su imagen.

 

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6 pensamientos en “El Diablo Rojo regresará a Santiago de Cuba

  1. avatarEulisis Smith Palacio

    Me gusta este artículo Olga, recuerdo con mucho cariño, como el diablo rojo regulaba el tráfico en la calle Trocha, iba yo de la mano de mis padres y con mucha frecuencia estaba allí, también lo recuerdo de los carnavales. ¿Ahora seguro que estará muy mayor? Esta persona es un ejemplo de trabajo hacia los demás, es un santiaguero de mucho nivel y de un gran entusiasmo por agradarle el día, a aquellos que se encontraban por su camino. Ojala podamos aprender de él está de forma total de entrega hacia sus semejantes, la labor de hacer felices a los demás.

  2. avatarOlga Autor

    Muchas gracias por su criterio, el Diablo Rojo fue y es un personaje célebre de esta ciudad de Santiago de Cuba.

  3. avatarAlberto Rodriguez

    Muy interesante la anecdota y de las cuales hay muchas por las calles santiagueras que resulta necesario rescatar, pues tambien forman parte de nuestros valores.

  4. avatarJoaquín L. Sellén

    Nos gustan todas las cosas relativas relativas a nuestra ciudad,sus costumbres, sus calles, sus playas. etc. pero ese personaje del Diablo Rojo que ví en mi infancia con letreros de promoción de algunas tiendas y luego del triunfo de la Revolución ayudando a los niños a cruzar la calle en Trocha frente a la escuela, nos hace ficar en Santiago, estamos muy agradecidos por esto los que trabajamos y vivimos del otro lado del oceano y nunca olvidamos nuestro “chago querido” donde siempre regresamos. Me gustaría, si no es mucho pedir, se incrementen las fotos del fotógrafo Jorge L. Guibert, las cuales son muy de pueblo y recorren la ciudad que tenemos en el corazón y no queremos esquecer. Por favor, aumenten los recorridos fotográficos por nuestra ciudad, todos los barrios; desde Marimón hasta El Caney. Muito obrigado pelo esforço e muito obrigado adiantado.

  5. avatarOlga Autor

    Muchas gracias por escribir, es cierto que el Diablo Rojo es un personaje célebre de la ciudad de Santiago de Cuba. Claro que lo complaceremos con imagenes de esta linda ciudad.

  6. avatarLorna Cruz Rizo

    El Diablo Rojo es uno de los personajes más pintorescos de mi niñez, recuerdo con amor, su presencia diaria para detener el tránsito y ayudarnos a cruzar al aulita de la escuela 19 Armando García que quedaba en la esquina de al frente (esq. Trocha y Callejón Santiago?) donde hice la primaria, con mi maestra inolvidable: Dalia Cháguez. Entre ellos crecí, los amo, dondequiera que estén.

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