Olga Thaureaux Puertas
Ya ha cumplido 13 años de una condena llena de odio y ahora bajo libertad supervisada, desea estar junto a una parte de su ser, su único hermano, que tanto aliento y apoyo le dio en prisión, y que se enfrenta a un cáncer de pulmón con sus días contados. Pero hasta ahora no ha podido expresarle sus emociones frente a frente. René González sigue esperando por una respuesta del gobierno de Estados Unidos. Entonces decide hacerle una carta indescriptible.
Una carta que eriza la piel, que estremece corazones de solo pensar que tal vez René González no conseguirá el permiso solicitado para viajar por dos semanas a Cuba para dar aliento, fuerzas y en última instancia, un abrazo final a su “brother de toda la vida”.
Pero una vez más el futuro de un hombre, de una familia, dependen de la “justicia” y el sentido humanitario del gobierno de Estados Unidos. Esta familia suma a sus estrellas apagadas, seguir enfrentando “una dolencia humana mucho más letal: el odio”.
Como dice René en su carta: “El odio que no me deja unir mi risa a cada una de las ocurrencias que brotan de tu inmenso coraje.
“El odio que me obliga a adivinar por la fuerza de tu aliento, a través del teléfono, el accidentado desplazamiento de las líneas del frente en esta batalla que libras.
“El odio que me impone la angustia de no poder acompañar en tu cuidado a todos los que te quieren; y que me impide estar ahí para apoyar a Sary y a los muchachos.
“El odio que me niega el presenciar cómo se crecen nuestros sobrinos, que se han hecho hombres y mujeres en estos años.
“El odio que no me permite simplemente abrazar a mi hermano”.
Pero aún así, René trasmite fuerzas, optimismo. Dice que hay que “enfrentar todos los obstáculos con una sonrisa en los labios, con la broma oportuna, (…). Echar pa´lante, guapear, no rendirnos nunca; siempre juntos y bien cerca, por más que se empeñen en separarme de mis afectos para castigarnos con ello a todos”.
No puedo dejar de imaginar a René en el norte, redactando estas líneas, y a Roberto, en Cuba, tratando de no rendirse, sintiéndose cerca uno del otro, fundiéndose en el anhelado abrazo de dos hermanos que desean reciprocar sentimientos y mensajes como el del final de la carta: ¡¡Respira brother, respira!!
