Olga Thaureaux Puertas
Cuba tiene nuevas pupilas vigilantes de sus aguas desde este sábado 4 de febrero. Las cenizas de la cantautora cubana Sara González fueron esparcidas, según su voluntad, esta mañana, por familiares y amigos en las aguas del malecón habanero.
Flores, lágrimas y sentimientos hermanados en un último adiós, exteriorizaron los presentes. Recuerdos y memorias rodean desde hoy a la capital cubana.
Esa voz sin parangón se seguirá escuchando, como también se verá a la ferviente cubana, a quien con su canto era capaz de mover corazones y mover multitudes.
Confieso que cuando escuché la noticia de su deceso pensé en Fidel, en ese gran amigo que como muchos estuvo muy atento a la evolución de su salud hasta los últimos momentos porque “… solo quería saber que no le faltaba nada”; recordé a la leal Sara en las conmemoraciones especiales, en tribunas significativas, siempre al lado de su pueblo, muy ferviente.
Muchos son los textos interpretados por ella que han trascendido, pero recuerdo de una manera especial la etapa de la vocacional y aquella coreografía montada por Glenda, una estudiante también, que su tema musical era Girón: La victoria, la que llegó a convertirse en un himno para nosotros.
De muchas maneras será recordada Sara. Allí, sobre las aguas cubanas, sobre cada piedra marina descansa Sara, custodiada por “monumentos llenos de flores” de todos los que la admiramos, y ella hoy camina confiada por los surcos de la historia, para custodiar la victoria.
