Nereyda Barceló Fundora
Dios sabe si hay Dulcineas o no en el mundo,
y si es fantástica o no es fantástica, y estas
no son cosas cuya averiguación
se ha de llevar hasta el cabo.
( Palabras de El Quijote)
La primera mina de cobre a cielo abierto del Nuevo Mundo fue la de El Cobre en el sur del oriente cubano, hoy perteneciente a la provincia de Santiago de Cuba.
Era la villa llamada entonces Real Sitio de Minas de Santiago del Prado, gobernada desde l597 por el capitán de artillería Francisco Sánchez de Moya, vivía tranquila y serena hasta aquella mañana entre l606 y l612, en que llegó la noticia de la aparición fabulosa y divina de una virgen con un niño en brazos, encontrada después de una tormenta sobre las olas de la bahía de Nipe, por los hermanos Juan y Rodrigo de Hoyos y el negro Juan Moreno, todos naturales de la comarca.
La virgen de la Caridad del Cobre
(…) embarcados en una canoa para la salina. Apartados del cayo, vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua que no distinguieron lo que podría ser, acercándose más les pareció un pájaro.
Ya más cerca dijeron dichos indios
– Parece una niña
Y en estos discursos, llegados reconocieron y vieron la imagen de Nuestra Señora de la Virgen Santísima con un niño Jesús en los brazos sobre la tablita pequeña y en la tablita unas letras grandes las cuales leyó (…) Rodrigo de Joyos y decía: “Yo soy la Virgen de la Caridad”.
Era la pequeña virgen mulata, según el relato del minero Juan Moreno, esclavo del rey.
La imagen fue depositada en el Hato de Barajagua, en un pequeño altar con dos lámparas de cobre para iluminarla.
Pero, según la leyenda, la virgen deseaba establecerse en El Cobre y durante 3 días la imagen desapareció del lugar y apareció en lo alto de El Cobre, donde se le rindió culto desde entonces.
Hacia finales del siglo XVII comenzó a crecer la fama de sus milagros y con ella su historia legendaria
Desde entonces acá cientos de personas acuden a diario al santuario edificado como está actualmente desde l927.
En la capilla de los milagros que antecede el sitio donde se aprecia la singular belleza de la imagen cobriza de la virgen, los fieles pagan sus promesas y depositan sus ofrendas.
Allí se acumula un abigarrado conjunto de objetos diversos.- Hay de todo en esa capilla, desde un bolígrafo hasta prendas, candelabros, ánforas joyas de gran valor y jarrones de fina porcelana.
Es todo un tesoro ofrendado a la Caridad.
Sobresale particularmente la medalla acreditativa de su Premio Nóbel que en l954 donara el famoso escritor norteamericano Ernest Hemingway, y una bandera cubana que ofrendaron los veteranos de las guerras de liberación contra España. Porque la Virgen de la Caridad del Cobre es también la virgen mambisa de los insurrectos (mambises) que lucharon contra las tropas españolas.
Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, y sus hombres, en l868, la veneraron en su santuario, también acompañó a los cubanos en la guerra de l895 en su decisión irrevocable de conquistar la independencia de España.
Fueron precisamente miles de soldados y oficiales mambises, encabezados por el Mayor General Jesús Rabí, los que a comienzos del siglo XX solicitaron y obtuvieron del Papa Benedicto XV que declarara Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre.
Cada año el 8 de septiembre, acuden al santuario de El Cobre, miles de personas procedentes de todo el territorio nacional, que pertenecen a los más diversos sectores de la sociedad y esferas de la cultura a rendir tributo a la virgen. Y en los hogares donde se celebra su onomástico los asistentes se iluminan al resplandor de las velas y sienten como los envuelve el humo oloroso del incienso y la fragante aroma de las yerbas humedecidas a lo que se le atribuye poderes mágico-religiosos.
La virgen es un ser trascendente y misterioso por toda la carga de tiempo, de mundo y de historia que atesora.
Miles de personas han acudido y acuden al santuario a cumplir con un compromiso íntimo elaborado en un momento difícil de existencia, por el pago de un favor solicitado o por la realización de un milagro.
Santeros, paleros, vodueros, espiritistas, católicos, creyentes de otras denominaciones y hasta no creyentes, reconocen que esta imagen posee un don especial para los cubanos, el don del amor.
La Virgen de la Caridad del Cobre es el espíritu protector por excelencia en la visión del pueblo cubano.
Virgen del amor como indica su nombre.. La Ochún diosa de las aguas y de la fecundidad, de la sexualidad y del oro, y también del amor, dócil y hacendosa, en la secta de origen africano, la que canta:
Yeye – o o la oñi
Oñi abee…
Securé a la yumó
Yeye – o o lo, oñi Ho!
Oñi abeee1
Pidiendo la miel, afrodisíaco símbolo del dulzor, de la esencia amorosa de la vida.
Coronada por el Papa Juan Pablo II en 1998, durante su visita a Santiago de Cuba,
la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, es también “símbolo de unión de los cubanos -como expresa la Historiadora de la ciudad de Santiago de Cuba, Dra. Olga Portuondo -“lo que se aprecia en el hecho de aparecer con la imagen un indio, un negro y un blanco”.
Su rostro color canela, está lleno de magia y misterio, de corrientes que parecen fluir por la galería de la mina de cobre que forman un laberinto bajo el pueblo.
Es la expresión incontrovertible de cubanía, como virgen mambisa, exaltado todo en un legado que sobrevive los siglos.
Este 7 de enero se inició el Año Jubilar Mariano, por los 400 años del hallazgo y presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad en Cuba. Aquí una leyenda admirable.