Olga Thaureaux Puertas
Cuando niña admiraba mucho a Noelia, una señora de edad avanzada, pero de enérgico andar, que dirigía la Federación de Mujeres Cubanas en la zona donde vivía.
Siempre acompañé a mi madre a las reuniones, a las visitas a las mujeres que lo necesitaban y hasta ayudé muchas veces a recoger el aporte para la canastilla que regalaría la delegación de la FMC al primer bebé que naciera en la fecha escogida.
Confieso que en aquel momento no alcanzaba a comprender con profundidad, por qué hacían esas cosas, pero me gustaba sumarme. Cuando a los 14 años, como toda joven cubana, me propusieron integrarme, no lo dudé, había llegado mi momento.
Me integré a la FMC y la acogí como mía. El mayor estímulo fue recibir hace unos años la medalla 23 de agosto, que otorga la organización a quienes se destacan en su quehacer. Reconocimiento inmerecido si lo comparo con todo lo hecho por la FMC por las mujeres cubanas.
Transcurridos 50 años de la creación de esta organización, mucho camino se ha recorrido, sobre todo en defensa del papel y el lugar que debe ocupar la mujer en la sociedad, con deberes y derechos como todo ser humano.
Muchos han sido los roles, en especial las casas de orientación a la mujer y la familia, los cursos de formación de habilidades manuales, el rescate y apoyo a jóvenes desvinculadas el estudio y el trabajo…
En este cumpleaños 50 deseo agradecer a Fidel Castro, por la iniciativa de crear la FMC, y a Vilma Espín, por dedicar toda su vida a organizar y alimentar una organización por y para la mujer.



