Olga Thaureaux Puertas
¡Qué difícil resultó explicarle a mi hijo, cuando escuchaba hablar de su tío, por qué no lo conocía! Por qué, aunque los lazos del corazón y la sangre así lo quisieran, debía esperar el tiempo que establecía el gobierno de Estados Unidos para que ese otro miembro de una familia tan corta como la nuestra pudiera viajar a Cuba.
Cuando al fin ocurrió el esperado encuentro, luego se sucedieron otras preguntas y siempre traté de explicarle, de acuerdo con su edad, que las diferencias entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos datan desde el siglo pasado y que tal vez con el tiempo pueda llegarse a mejores relaciones, y entonces muchas cosas pudieran cambiar.
Con esa fé, siempre espero las reuniones de conversaciones entre representantes de ambos gobiernos, pero cuál no fue mi “sorpresa” al conocer el pasado viernes, mediante la Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, que mientras Cuba por un lado abogaba por una serie de aspectos que van dirigidos a un mejor entendimiento, por el otro “la delegación norteamericana convocó a decenas de sus mercenarios a quienes incluso transportó a la residencia del Jefe de la SINA, demostrando nuevamente que sus prioridades se relacionan más con el apoyo a la contrarrevolución y la promoción de la subversión para derrocar a la Revolución Cubana, que con la creación de un clima conducente a la solución real de los problemas bilaterales”.
Esa actitud del representante de Estados Unidos evidencia que al menos por ahora no se avanzará mucho, pues el interés debe ser de ambas partes, y siempre sobre la base del respeto a la independencia, la soberanía y la autodeterminación.
Se trata de una postura ofensiva que alimenta la política subversiva hacia Cuba y pone muy lejos la luz que pueda indicar un entendimiento entre ambos gobiernos.
Vuelvo entonces a hacerme la misma pregunta de siempre. ¿Por qué tanto odio hacia Cuba? ¿Es tan difícil entender que Cuba y los cubanos tenemos el derecho de escoger el rumbo que queremos, por demás tomado ya hace más de 50 años?
A este paso seguirán pasando los años, y mi hijo, con más edad, podrá entender muchas cosas que hoy no comprende, y tal vez él a sus hijos pueda explicarle mejor estas diferencias que entorpecen la vida de las familias, del gobierno y de todo un pueblo.
El tiempo, una vez, nos dirá si las diferencias entre Cuba y Estados Unidos son irreconciliables.
