Olga Thaureaux Puertas
Desde pequeña, cuando comenzaba a decir “Pioneros por el Comunismo: Seremos como el Che”, fue creciendo mi admiración hacia Ernesto Guevara de la Serna, Che.
Aún recuerdo los días de la escuela primaria, el coro hablado conducido por la instructora santiaguera Ada Poveda, que evocaba su figura y nos motivó a profundizar en su vida y obra.
Cuando en 1955 conoció a Fidel y se alistó como médico en la expedición del Yate Granma, se inició una etapa imprescindible de rememorar un día como hoy, 9 de febrero, en que nuevamente los cubanos lo recordamos, pues fue en esa fecha cuando se le otorgó la nacionalidad cubana.
Expedicionario del Granma, participante en el combate de La Plata, en la victoria del cuartel de Uvero, ubicado en el actual municipio de Guamá, y el cual calificó por el Che como el momento en que el Ejército Rebelde alcanzó la mayoría de edad; primer expedicionario ascendido a Comandante; jefe de la Columna Invasora Ciro Redondo; Héroe en la toma de Santa Clara; impulsor del trabajo voluntario; presidente del Banco Nacional de Cuba; Ministro de Industrias y representante de Cuba en varios encuentros internacionales, son aval suficiente para tal merecimiento, respaldado por la Ley Fundamental de la República.
El artículo en cuestión dice que tal condición se otorgaba “a los extranjeros que hubiesen servido a la lucha armada contra la tiranía batistiana derrocada el 31 de diciembre de 1958 en las filas del Ejército Rebelde durante dos años o más y hubiesen ostentado el grado de Comandante durante un año por lo menos, siempre que acredite esas condiciones en la forma que la Ley lo disponga”.
Pero ese hombre legendario, tuvo otras razones también para sentir por Cuba y por la que los cubanos lo admiraremos eternamente: los frutos de su amor con Aleida March: Aleidita, Ernesto, Camilo y Celia, a quienes como les dijo en su carta de despedida, no dejó nada material, pero sí la satisfacción de nacer y crecer aquí, en Cuba, donde a él se le acogió como un hijo por haber actuado y demostrado sus sentimientos hacia este pueblo.
Así, con una mezcla de dolor y alegría, como él expresara en su carta de despedida, recuerdo al Che por ser ejemplo de un hombre íntegro, revolucionario, amante de la libertad y la justicia. Eternamente cubano.
