Olga Thaureaux Puertas
Catástrofe, por ser un solo vocablo, es poco para calificar la magnitud de lo ocurrido en Haití, desde el pasado 12 de enero y los días sucesivos.
Confieso que desde hace varios días sentía que debía escribir sobre ese suceso, pero en verdad el pánico pudo más que las ideas y las palabras.
He seguido día a día por Internet, la TV cubana y otros medios todo cuanto ocurre.
Por suerte, muchos gobiernos y pueblos han enviado ayuda a los necesitados. Cuba estuvo desde el primer momento, pues los cubanos ya habían tendido sus manos y su corazón desde antes del terremoto.
Cómo es posible entonces que la cadena de televisión CNN en un reportaje que hiciera recientemente desde el hospital de La Paz, al hablar de la atención médica que allí reciben los haitianos, ignorara la presencia de 60 médicos cubanos.
Cómo se explica que al entrevistar a un médico cubano que labora en el propio hospital, en el crédito del generador de caracteres ubicado debajo de la imagen se le pusiera “Carlos Arguello, médico español”.
Hasta cuándo la llamada prensa occidental tratará de silenciar y opacar la labor heroica y sobrehumana de los cubanos en Haití.
¿Podrá ignorarse la existencia de cinco Centros de Diagnóstico Integral (CDI), proyecto conjunto entre Venezuela, Cuba y Haití, de los cuales hay un criterio muy favorable de la población?
¿Podrá ignorar alguien la realización de 13 millones de consultas y 207 mil intervenciones quirúrgicas protagonizadas por los cubanos?
Molesta que ante situaciones como estas, en que la humanidad y la solidaridad deben florecer y vencer cualquier obstáculo, estén mediando otro tipo de interés e intenciones.
Pero los haitianos, y una buena parte del mundo saben que Cuba está y estará en Haití hasta que sea necesario. No es posible opacar lo que brilla por naturaleza.
