Olga Thaureaux Puertas
Cuba, junto a otras 14 naciones está incluida, una vez más, entre los patrocinadores del terrorismo en el mundo, junto a Afganistán, Argelia, Irán, Iraq, Líbano, Libia, Nigeria, Paquistán, Arabia Saudita, Somalia, Sudán, Siria y Yemen, según el gobierno de Estados Unidos.
Por mucho que trato de encontrarle lógica a los argumentos, me cercioro de que todos van contra cualquier lógica posible.
Se dice, por ejemplo, que el portavoz del Departamento de Estado en Washington P. J. Crowley justificó la inclusión de Cuba en esta lista por su reconocimiento a grupos rebeldes o guerrillas en América Latina. Es algo ridículo.
¿Puede Cuba ser un país patrocinador del terrorismo cuando sus ciudadanos no portan armas de ningún tipo, donde la tranquilidad ciudadana caracteriza cada una de los barrios y comunidades, donde no hay asaltos ni violencia en sus calles?
Si solidaridarizarse con los pueblos necesitados, llevarles la enseñanza, la cultura y el deporte a cualquier rincón; ser testigos de la operación Milagro, devolviendo la visión a muchas personas que nunca soñaron con ello, es terrorismo, entonces la Real Academia de la Lengua, tendrá que ampliar la acepción de ese vocablo. Hasta el momento el terrorismo se define como amenaza, represalia, chantaje, secuestro, subversión, sabotaje, brutalidad.
Todas las personas que viajen desde Cuba a Estados Unidos, son sometidas ya a extremistas medidas de control. ¿Qué pretenden encontrar en sus equipajes, algo que los identifique con Al Qaeda? Sin comentarios.
En realidad pienso que de lo que se trata es de un ajuste de cuentas por 51 años de resistencia, por tenernos a 90 millas y no hacerse realidad sus propósitos de someternos. Por Cuba ser un hueso duro de roer, pues a pesar del férreo bloque económico, comercial y financiero a que nos tiene sometido el gobierno de Estados Unidos, nos mantenemos firmes. Cuba, aunque les duela reconocerlo, resiste y avanza. Es una lección que no pueden comprender.
A pesar de todo, no me sorprende, pues aunque algunos piensen que el presidente Obama ha suavizado su política hacia Cuba, por ciertas medidas relacionadas con la frecuencia de los viajes y el envío de remesas a familiares, en la práctica todo sigue igual. El diferendo entre ambos países se hace cada vez más profundo, pues su aspiración de cambiar su política hacia Cuba cuando ocurra una transición, es y será solo un sueño americano.

Olga Thaureaux Puertas