Los años vividos, luego de su nacimiento en Matanzas el 29 de mayo de 1942, y su incorporación a partir de 1960 al sistema de educación, son los mejores testigos de su ardua labor por y al lado de la Revolución.
Cuando lo conocí, hace más de 25 años, todavía no peinaba canas. Muchos de sus alumnos lo recordamos por su dedicación sin límites para solucionar los problemas del área de internado, una demora en el comedor, su preocupación por el uso correcto del uniforme, la educación formal y la disciplina en general.
Nunca escatimó horas ni días para permanecer en el centro, solo sabemos que al acostarnos lo veíamos, y al despertar, ya estaba. Siempre con su postura erguida, zancadas amplias y un rostro serio que dejaba escapar su rectitud.
Después de más de 40 años en el sector educacional, puede recordar con satisfacción sus primeros pasos, cuando permaneció por 5 años en zonas de la Sierra Maestra llevando la enseñanza, rescatando a más de 3 mil jóvenes desvinculados, el movimiento de aprendices, en la enseñanza técnico profesional en Santiago de Cuba, la educación de adultos, y por supuesto, los últimos años vividos en la Vocacional Antonio Maceo, primero, preuniversitario vocacional de Ciencias Exactas, después, donde ha visto los frutos cuando actuales trabajadores fueron sus educandos y otros se los encuentra a diario desempeñándose como profesionales en múltiples esferas de la vida social santiaguera.
Su trayectoria ha sido aval para merecer condecoraciones como 30 aniversario de los maestros voluntarios, de la Alfabetización, la medalla Frank País, Servicio Distinguido, 30 años de Vigilancia de los CDR, 40 y 50 aniversario de las FAR, la medalla por los 25 años de trabajo, la Rafael María de Mendive, Por la educación cubana, el sello de educador ejemplar, desde que surgió ese movimiento, combatiente internacionalista, por solo citar algunas.
Como buen revolucionario, siempre ha quedado tiempo para la atención a su familia, su esposa, hijos y nietos, quienes comparten el orgullo de este hombre que lleva 46 años como militante del Partido y recibió de manos de Raúl Castro el carnet que lo acredita como tal.
Las satisfacciones son muchas, diríamos que compartidas porque todos los que debemos parte de nuestra formación a su consagración y exigencia, recordamos a Máximo Barrera Ibarra, como el educador intachable, eslabón de una gran cadena que permitió llegáramos a esta realidad.
Por eso, y por lo que no alcanzan a trasmitir las palabras, gracias en nombre de las semillas que usted ayudó a cultivar.
