Al despertar, escucho las noticias: Hoy 10 de diciembre, se cumplen 61 años de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara y proclamara la Declaración Universal de los Derechos Humanos; hoy, además, es el Día Mundial de los Derechos Humanos.
De inmediato reflexiono. ¿Cuánta violación de un documento tan importante? No puedo apartar la imagen de los niños en el mundo que no tienen derechos a la instrucción, a una alimentación adecuada; las guerras y masacres desatadas…, sería interminable.
Repaso el contenido de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, inevitablemente hay que detenerse en algunos de sus artículos: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”, “Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado”, “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones…”.
No puedo apartar de mi mente el proceso arbitrario contra Gerardo, René, Ramón, Antonio y Fernando, cubanos que, cumplen prisión injusta y que después de 11 años de cárcel, al menos el gobierno de Estados Unidos ha reconocido que no constituyen una amenaza para la seguridad nacional. ¿Por qué entonces tanta injusticia?
El artículo 21 de la Declaración dice que “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas…”, ¿qué pasa entonces con Honduras?
Nuestro planeta está en riesgo, lo sabemos, pero cuánto hacemos por evitarlo. Podrán pasar muchas Cumbres, pero interiorizarlo, y hacer por detener su destrucción es una realidad que no espera.
En la Cumbre de Copenhague, por ejemplo, se habla de propuestas sobre la responsabilidad que deben asumir los países más poderosos y las naciones en vías de desarrollo a la hora de enfrentar el cambio climático; se habla también de un texto que reclama al mundo industrializado trazarse metas más ambiciosas en cuanto a la reducción de emisiones de gases causantes del efecto invernadero, y a su vez apoyar a las economías emergentes con financiamiento y transferencia de tecnología. Eso, es también derechos humanos.
Cuando el 10 de diciembre de 1948, se aprobó la Declaración, la Asamblea de la ONU pidió a todos los países miembros que publicaran el texto y dispusieran que fuera “distribuido, expuesto, leído y comentado en las escuelas y otros establecimientos de enseñanza, sin distinción fundada en la condición política de los países o de los territorios”.
Transcurridos tantos años y valorando cómo está el mundo, me da por pensar que pueda ser desconocimiento del contenido de la declaración, pues lo otro, querer desconocerlo, es un error imperdonable que afecta a toda la humanidad.
No por gusto el año pasado, cuando se valoraba este tema, se acordó en la Asamblea de la ONU que 2009, ya por concluir, sería el Año Internacional del Aprendizaje sobre los Derechos Humanos ¿Se habrá cumplido el objetivo?
Mientras más conozcamos sobre nuestros derechos, no importa el país donde vivamos, y el régimen que impere, mejor podremos reclamar por ellos. Entonces, sigamos apostando y exigiendo por ellos.