Archivo por días: 2 Noviembre 2009

Dolor en la distancia

Escuché la noticia y me conmovió. Falleció Carmen Nordelo Tejera, madre de Gerardo Hernández, uno de los cinco cubanos que cumplen prisión injustamente en Estados Unidos, pues sus cargos no se han podido probar y que en realidad sus funciones eran prevenir a Cuba de acciones de corte terrorista planificadas y ejecutadas por organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami.

Inmediatamente vino a mi mente la imagen del Héroe, a quien parece la vida ha querido someterlo a pruebas mucho más duras que las vividas, como si todos estos años no hubiese dado muestras de firmeza, entereza y fidelidad absoluta a su pueblo.

Una simple hojeada a sus 44 años de vida nos indica otros momentos de sacrifico como la misión internacionalista en la República Popular de Angola; el fallecimiento de su padre, la pérdida de una de sus hermanas en un accidente aéreo y ahora, víctima de una penosa enfermedad, la muerte de su madre, quien durante todos estos años ha sido aliento e inspiración.

De Gerardo pudiera decir mucho más, pero en este instante en que su dolor no puede describirse y que la distancia lo multiplica, como cubana le brindo mi apoyo. No estará lejos el día en que la razón, y más que la razón, la justicia de Estados Unidos lo declare inocente y lo devuelva con los suyos.

Mañana, muchos serán los cubanos que acompañarán hasta el cementerio de Colón, en la capital de Cuba, el cuerpo de Carmen Nordelo. Allí estará Gerardo, representado en el corazón de cada cubano.

Mi tesoro

img1253Es de la generación del 2000. Desde los seis meses de vida matriculó en el círculo infantil. Nos fuimos adaptando poco a poco. ¡Qué difícil resultaba! Primero el llanto, y después que hablaba era ¡mami, no te vayas! Cuántas no hemos llorado a la par de ellos o hemos salido sin querer mirar hacia atrás.

Afortunadamente esa etapa pasa. Cada una tiene sus encantos. Sobre todo cuando nos percatamos de los avances escolares y de las habilidades que nos demuestran que son cada día más independientes.

Han pasado nueve años. Cada mañana cuando salimos hacia la escuela vamos repasando el contenido estudiado en la noche; a veces haciendo anécdotas de cuando era una pionera como él; a veces alimentando la fantasía para lograr que cada jornada sea acogida con el mayor esmero porque, como es lógico quiero que sea mejor que sus padres; quiero lo mejor para él.

Jorgito, como todos los niños cubanos, tiene una escuela, el seminternado Raúl Gómez García, ubicado en el mismo reparto donde vivimos. Es un edificio construido por la Revolución, con más de 20 años de uso y con los efectos visibles de los años pasados; sin embargo, cada mañana, cuando nos despedimos en la puerta con un beso y el no por reiterado y necesario “pórtate bien”, siento tranquilidad absoluta.

Allí es recibido por los propios pioneros de su colectivo. Tiene dos maestros y una auxiliar pedagógica que son los encargados de su instrucción. Una infraestructura que le permite una estancia plena. En las tardes un profesor de deportes lo entrena en la disciplina por él escogida, pelota. Como en todas las escuelas cubanas, se realizan actividades extraescolares que contribuyen a su formación general. No hay droga, no hay asaltos, no hay temores.

Cada día doy gracias a la vida por premiarme con este tesoro. Vivo orgullosa de ser cubana y de que mi hijo crezca en este ambiente sano, con imperfecciones sí, pero muchas más razones para defenderlo.