Escuché la noticia y me conmovió. Falleció Carmen Nordelo Tejera, madre de Gerardo Hernández, uno de los cinco cubanos que cumplen prisión injustamente en Estados Unidos, pues sus cargos no se han podido probar y que en realidad sus funciones eran prevenir a Cuba de acciones de corte terrorista planificadas y ejecutadas por organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami.
Inmediatamente vino a mi mente la imagen del Héroe, a quien parece la vida ha querido someterlo a pruebas mucho más duras que las vividas, como si todos estos años no hubiese dado muestras de firmeza, entereza y fidelidad absoluta a su pueblo.
Una simple hojeada a sus 44 años de vida nos indica otros momentos de sacrifico como la misión internacionalista en la República Popular de Angola; el fallecimiento de su padre, la pérdida de una de sus hermanas en un accidente aéreo y ahora, víctima de una penosa enfermedad, la muerte de su madre, quien durante todos estos años ha sido aliento e inspiración.
De Gerardo pudiera decir mucho más, pero en este instante en que su dolor no puede describirse y que la distancia lo multiplica, como cubana le brindo mi apoyo. No estará lejos el día en que la razón, y más que la razón, la justicia de Estados Unidos lo declare inocente y lo devuelva con los suyos.
Mañana, muchos serán los cubanos que acompañarán hasta el cementerio de Colón, en la capital de Cuba, el cuerpo de Carmen Nordelo. Allí estará Gerardo, representado en el corazón de cada cubano.

Es de la generación del 2000. Desde los seis meses de vida matriculó en el círculo infantil. Nos fuimos adaptando poco a poco. ¡Qué difícil resultaba! Primero el llanto, y después que hablaba era ¡mami, no te vayas! Cuántas no hemos llorado a la par de ellos o hemos salido sin querer mirar hacia atrás.