Toda su gloria no cabe en un grano de maíz

Olga Thaureaux Puertas

Soy cubana, y tuve la suerte de nacer unos años después del triunfo de la Revolución.
Como casi todos los niños nacidos y crecidos en la Isla, recuerdo que desde muy pequeña mis padres comenzaron a enseñarme fotos, mostrarme su imagen en la televisión, y sobre todo, su grandeza como ser humano.
Con los años ese sentimiento fue creciendo y la admiración se fue multiplicando. Fidel Castro Ruz es para mí, como para millones de cubanos, un ser especial, con un carisma y una personalidad que ha trascendido nuestros límites, es una figura mundial.
Los ejemplos que alimentan esa admiración son muchos, tantos que a veces los tenemos delante y no nos percatamos; tal vez solo los que carecen de esas bondades que disfrutamos los cubanos, gracias a la Revolución liderada por Fidel Castro, pueden valorarlas mejor.
Vale la pena recordar los más comunes, relacionados con la educación y la salud pública: Cuánto tiene que invertir una persona en Cuba para que su hijo reciba instrucción en los diferentes niveles de enseñanza; cuánto hay que pagar por un tratamiento médico, por muy complejo que sea. Son servicios subsidiados por el estado, reitero gracias a esta Revolución que con orgullo celebramos su medio siglo de existencia en este 2009.
¿Que tenemos imperfecciones?, cierto, pero somos nosotros, los cubanos de aquí, los que convivimos con esta Revolución, los que estamos llamados a como ha dicho Fidel, “cambiar todo lo que pueda ser cambiado”, corregir nuestras deficiencias y seguir hacia delante con más fortaleza. No necesitamos que nadie de fuera se brinde a “hacer cambios”, pues sabemos la esencia de esos cambios.
Como cubana nacida y formada por esta Revolución duele mucho escuchar y ver campañas propagandísticas dirigidas por los enemigos de Cuba encaminadas a crear la falsa imagen de que cuando Fidel Castro ya no esté físicamente, todo será diferente, y prácticamente anhelan su muerte.
Ojalá por muchos años esté ahí, alertando, observando y reflexionando sobre nuestro proceso revolucionario y los que se desarrollan en el mundo, pues con esa visión casi única, yo diría que de profeta, siempre hemos comprobado la fuerza de sus argumentos.

Como es lógico, ese momento de su muerte llegará, porque Fidel Castro, es un ser humano, que por ley natural de la vida, un día dejará de existir físicamente. Cuesta trabajo pensar en ello y mucho más aceptarlo, pero inevitablemente será así.

Para entonces, los cubanos sabremos crecernos ante el dolor, y seguiremos, seguiremos desarrollando, alimentando y defendiendo la obra a la que Fidel Castro ha dedicado toda su vida: la Revolución, siempre convencidos de que toda su obra y su gloria no caben en un grano de maíz, pero ellas sí son inmortales.

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